| SOPOR,
MANCEBOS... ¡Y OLÉ! |
| 1 |
Un
año más, los toros de Manolo González se
pasaron por el Mesón del Vino antes de llegar a la plaza.
Deberían hacerles control de alcoholemia antes de pisar
el albero. Aunque claro, tampoco pasa nada si los Presidentes
de turno son mancebos: no se enteran de que va esto
de los toros. Al decir mancebos, no es que los Presidentes
de Castellón sean jóvenes y buenos mozos, sino
que es el calificativo del que comúnmente se hace uso
por La Plana para denominar a los usías sin criterio.
El problema de ayer es que encima, el Presidente de turno era
el mancebo por antonomasia, o sea, el Señor
Mancebo de carne y hueso... y ahí estuvo el lío.
Mientras la máxima autoridad de la plaza castellonense
repartía orejas como quien tira caramelos el día
de la cabalgata, los toritos de González desarrollaban
sus desfiles de descastamiento, borreguez, invalidez y borrachera.
Parece ser que nadie les había dicho tampoco que el desfile
de las Bandas Internacionales se programaba para hoy viernes,
nada pues que ver con el día de ayer a la hora de la
corrida. Tumbos por aquí, clauidicaciones por allá,
simulación en las suertes de varas...
Javier Conde no quiso ser menos que los toros;
se contagió del ambiente festivo y de la entonación
de los animalitos y se dedicó a desarrollar su faceta
de pelele de feria. ¡Qué bien quedan sus payasadas!.
Bueno, un matiz: lo hizo sobre todo en el cuarto, y es que al
primero, al que ya se le había pasado un poco la cogorza
y se tenía algo en pie, le vio mala cara -imaginamos
que de resaca- y no quiso ni verlo no fuera que le echara la
primera papilla sobre su estranado terno en negro. Se ganó
la bronca en el primero y el tener la gente en contra en su
segundo.
César Jiménez, ¡oh impoluto
César!, que lecciones de toreo inolvidables: cómo
hacer creer que se torea a un inválido en diez sencillos
pasos. Primero, que el toro no llegue a saber qué es
un caballo. Segundo, si llega a saberlo, perdir el cambio con
el toro aún bajo el peto. Tercero, que me lo mantee la
cuadrilla por arriba y si da algún cabezazo en banderillas
mejor, parecerá que tiene peligro. Cuarto, comenzar la
faena por arriba, cómo no. Quinto, faena a media altura.
Sexto, ponerse bonito para que parezca que la media altura es
toreo en profundidad. Séptimo, ayuda mucho el pico. Octavo,
si cae el toro... es culpa suya. Noveno, que las estocadas sean
enteras y parezcan por el hoyo; y décimo, que la prensa
hable bien de mi faena. ¡Qué maestría!.
Y qué decir del hijo del maestro de Alicante, qué
decir de Manzanares Jr. En
primer lugar casi imaginar que si hubiese sido una corrida de
toros en toda regla, Jose Mari no habría llegado a torear
por falta de sobreros. Lo cual ya descarga bastante la cosa...
¿no?. El tercero se le cayó dos veces al suelo
con solo llevarlo hacia los medios; el sexto en cambio le aguantó.
Lo mejor, sin duda, cómo curva el tronco, cómo
estira el brazo, cómo coge el estaquillador casi de la
punta, cómo se pasa de lejos el morlaco... estética
y toreo en pura esencia.
La gente, al salir de la plaza se diría: ¿cómo
es que no han salido todos a hombros?. Cuatro, en cambio, nos
decíamos: «esto son los toros hoy: sopor, mancebos...
¡y olé!». |
|
|