Toros de la ganadería de
FUENTE YMBRO

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Domingo 27 de marzo de 2011. Primer festejo de la Feria de la Magdalena. Media plaza; tarde soleada y calurosa.
Se lidiaron seis toros de Fuente Ymbro, en general mal presentados, sin cabeza -habría que preguntarle al inventor de las fundas qué seria de estos toros si no las hubieran llevado-, con demasiada diferencia de pesos y de comportamiento manso o rajado y casi todos con querencia a tablas. Además blandos, casi no se picaron y los que más recibieron en varas protestaron cabeceando el estribo.

Matías Tejela (carmín y oro): Entera entrando al huidizo toro pegado a tablas. Silencio / Casi entera trasera. Oreja
Rubén Pinar (blanco y oro): Casi entera algo caída y perpendicular. Silencio / Baila la plaza buscando al toro que huye hasta que pincha sin soltar; media tendida y atravesada; un descabello. Silencio
Abel Valls (blanco y oro): Casi entera caída. Silencio / Entra con la cabeza alta del toro y le tira la muleta a los ojos metiendo media trasera, caída y muy perpendicular. Silencio
  PEONES DE OBRA
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Hasta hace bien poco, años en los que el ladrillo daba trabajo a destajo para todo el que quisiera, el peonaje de obra subía tanto de guarismos como bajaban a su vez los del INEM. Con formación o sin ella, nacional o extranjero, alto o bajo, veterano o novel, hábil o más torpe, todo el que quería podía emplearse en la monótona -aunque no por ello menos digna- actividad de: capa de cemento, mete ladrillo; capa de cemento, mete ladrillo; capa de cemento, mete ladrillo... De hecho -va en su definición- para ser un jornalero de obra no hacía falta un especial arte ni habilidad. Hoy en cambio, que la burbuja ya pinchó, el peonaje sigue operante, aunque menos en la obra y sí más por otros lares, como las Plazas de Toros. La gran mayoría de jóvenes matadores que se pasean por nuestros cosos son expertos en eso. No en la obra, claro; pero sí en el peonaje. Para dar un par de trapazos con un capote, estar más pendiente de lo que dice el capataz -poderdante más bien- desde la barrera y correr arriba y abajo la mano que porta la muleta, no se requiere arte ni habilidad. Y ésta es la realidad de esa parte del escalafón que debería de ir arreando.

Se vió ayer en Tejela, Pinar y Valls. La corrida de Fuente Ymbro -enterrado in pace para el aficionado de estas tierras desde el año pasado al menos- fue de lo peor en raza visto por Castellón en lustros. Casi que me atrevería a decir que ni los toretes de Los Espartales han llegado a ser nunca tan mansos. Y aquel que salía con brío y aire, era pasar por varas -medias varas más bien- y se rajaba. Así fueron primero -que acabó aculado en tablas-, segundo -que no quería ver ni la media altura de la muleta que le daba Pinar-, tercero -que investigó incesantemente que había por encima del caballo de picar- y el quinto -que se corrió todos los tendidos para que no lo mataran-. Vamos, una moruchada en toda regla -y que no se ofenda tan ilustre raza meseteña-.

Eso sí, con moruchada o sin ella, toda corrida tiene su brega, y ahí es donde meros peones no pueden crear jamás faena. Lástima dió por ejemplo el cuarto, un torete de carril, capaz de sostenerse y al que no se le dió en exceso contra el acorazado de picar. Matías Tejela podía haber enseñado algo, podía haber dulcificado la amargura de una tarde aciaga, en cambio acabó de hastiarla pase sobre pase, a cada cual más mecánico, más anodino, de tiralíneas y puro peonaje. Una auténtica dormidera.

Solo Rubén Pinar se mostró con cierta capacidad en la lidia de su primero. En éste, el primero de los cuatro toros con los añitos recién cumplidos que salieron, el de Tobarra encontró cierto lucimiento en un quite por chicuelinas, firmes, ajustadas, sin rectificar y con suficiente hilo, aunque el bicorne hizo lo suyo al intentar no caer tras un par de medios tumbos, más bien vaivenes. Pinar estuvo serio, pero para serlo del todo hay que apostar por verdaderos toros. La concentración se le fue ya en el quinto: bravucón en la muleta necesitaba exposición y mando, nada de destoreo y mantazos que acabaran -que acabaron- por empeorarlo. Cemento, ladrillo; cemento, ladrillo...

Abel Valls cerró terna y corrida del mismo modo que cerró su comparecencia de 2010. El pobre torea poco, y el compromiso es mucho, pero no es menos cierto que oportunidades para forjarse como torero -y no quedar en mero juguete roto- tuvo. Al tercero de la tarde lo quitó del caballo por chicuelinas -antagónicas en ejecución por cierto a las que practicó su compañero albaceteño- y ahí quedó todo; sobre las tablas, único lugar que el animal admitía como terreno, el castellonense no supo verle faena al fuenteymbro y se empecinó en querer sacarlo hacia los medios. La faena era de tragar paquete -era lo que había, no más- pegado a la madera. Con el que cerró plaza se vió de nuevo el perfil de peón de obra, como con Tejala: pon la muleta, corre la mano; pon la muleta, corre la mano; pon la muleta, corre la mano... El toreo es otra cosa.

¿Serán las escuelas taurinas las que están nutriendo la nómina de jornaleros de la construcción en lugar de destapar las grandezas de los creadores del arte?. Pregunta que ahí queda, o que se contesta sola -según quién la mire-.

Nota de trapío general: 3
Nota de comportamiento general: 2

NOTA MEDIA DE LA CORRIDA:
2,5
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