Toros de la ganadería de  MANOLO GONZÁLEZ  
Lunes 20 de marzo de 2006. Segundo festejo de la Feria de la Magdalena. Lluvia muy fina de forma intermitente; media entrada en los tendidos.
Se lidiaron cuatro toros del hierro de Manolo González (1º, 2º, 4º y 5º) y dos con el hierro de Sánchez-Dalp (3º y 6º). Mal presentados, escurridos, con poca cabeza, inválidos todos y afeitados con claridad 4º, 5º y 6º. Al quinto se le pidió la vuelta al ruedo a pesar de no haber pasado por varas.
C. Jiménez (marino y oro): Dos pinchazos sin soltar y sin volcarse sabiéndose que el toro no iba a moverse; un pinchacito que escupe y los subalternos lo tiran a base de capotazos circulares. Algún pitito / Casi entera caída y tendida. Una oreja
J.M. Manzanares Jr. (añil y oro): Entera atravesada yéndose de la suerte; un descabello. Una oreja con clara petición minoritaria / Un pinchazo sin soltar; entera tendida y algo trasera. Una oreja
P. Ramos (grana y oro): Tres pinchazos que escupe el toro; media codera y tendida, el toro se echa. Ovación que corresponde en el tercio / Una entera atravesada. Ovación que saluda en el tercio tras una petición superior a la de la primera oreja de Manzanares
  PIPAS, CHICLES, OREJAS, CARAMELOS...
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La plaza, como cada Magdalena, era un jolgorio. Risas, botas de vino, las peñas de Paco Ramos que venían a animar al torero de la tierra, la banda de música sonando para lo que haga falta, los bocadillos, pastas y longanizas secas... toda una orgía festiva a media plaza. Y eso se contagia en los toreros; y en los toros, que iban borrachos. Por allí, por las gradas y palcos, andaban también los mozos de la empresa, los chabales esos que van vendiendo sus bebidas, pipas, chicles y caramelos; esos a los que no se les alecciona que cuando un toro está en la plaza, y según el reglamento, está prohibido circular por la concurrencia. Hasta la bacanal llegó al palco, al señor Mancebo, su presidente, que con semejantes risotadas y animosidades no quiso ser menos. La tarde barruntaba agua, no podía aguarse la fiesta: ¡orejas!, ¡orejas!, ¡vengan a mi las orejas!. Que bueno y comprensivo es el señor presidente.

Bueno es, de entrada, por cuanto dió luz verde a la corridita del González. Lo curioso es que se sabía, se sabía cómo está la ganadería de Manolo González, echa todo un subproducto taurómaco en cuanto a trapío y comportamiento; lógicamente, el ganadero no vino a sorprendernos, sino a cumplir los pronósticos. Pero con presidentes como Mancebo no pasa nada. Los toros de quinta categoría, los pitones de decimocuarta, y el comportamiento... de borrachos: mareados, dando tumbos y esperando el descanso eterno. Penosa la corrida de inválidos de González. Blandeaban al salir de toriles, se caían tras pasar por el caballo y morían de agonía al muletearlos... ¡por arriba!. Incluso el segundo novillo, por cuanto la tabla indicaba su nacimiento en marzo de 2002, se iba por los suelos. El único que aguantó, ¡e incluso llegó a embestir!, fue el quinto, para muchos un toro encastado, para nosotros, un torito que no había pasado por el caballo. Un pinchacito desde el equino, sin ni siquiera sangrar -literalmente-, dicen que es suerte de varas; que baje Dios a verlo.

Los toreros, contentos; bueno, no todos. Jiménez y Manzanares, seguro. Sin despeinarse habían ejercido de enfermeros, no habían toreado, mucho menos matado, y se iban cada uno con lo suyo. El primero con una oreja y el segundo por la puerta grande; más el sueldo, claro. Que más se puede pedir: máximo rendimiento, menor riesgo. Paco Ramos no se iría igual porque, a pesar de ser tan culpable como el resto de apuntarse a semejante subproducto taurómaco, se fue de vacío tras haberle puesto ganas de triunfar, quites a sus toros y volapiés a los finales. Pero Mancebo, ¡ay Mancebo!, le dió la orejita a Manzanares con cuatro pañuelos y a Ramos no con sesenta y cuatro.

¿Será moda?, ¿será juventud?. A parte de, por obligación, no haberle visto bajar la mano a un toro en toda la tarde, cada torero tuvo sus vicios. El de Jiménez, supuestamente asesorado por el engabardinado ayer "Joselito", no haber visto el toro de frente, en su cacho, en toda la tarde. El de Manzanares, imaginamos que supuestamente asesorado por su padre, no haber cargado la suerte ni una sola vez en su primer toro. ¿Será moda?: que resucite Domingo Ortega. ¿Será juventud?: que cobren pues como jóvenes principiantes. Esas dos figuras que tienen que copar el futuro inmediato del escalafón, no tiene muy claro pues qué es el toreo. Que el torero es mano baja -fuera pues los toros borrachos-; que el toreo es ponerse frente al toro y obligarlo a ir por donde uno quiere -fuera pues que el toro vaya por donde su carril lo lleve-; que el toreo es cargar la suerte para ceñirse con el toro y torear en redondo e hilvanado -fuera pues adelantar únicamente la bragueta y descargar la pierna contraria-; que el toreo es dominar al toro hasta llevarlo tras los riñones para el siguiente muletazo -fuera pues de rectificar andando-; que el toreo es temple -fuera pues de la invalidez cansina del toro que templa la tarde-. Hoy sobre todo, se confunde torear, con dar pases; templar, con acompañar el aborregamiento de un becerro.

Tarde de pipas; chicles; orejas, muchas orejas; y caramelos.
Nota de trapío general: 4
Nota de comportamiento general: 3

NOTA MEDIA DE LA CORRIDA:
3,5