Pregunta
nada baladí.
A falta de poco más de una semana de la alternativa en
la Magdalena de Castellón, ¿se equivoca Abel Valls
yendo a torear una novillada a Las Ventas?.
En primera instancia, no. Nada mejor para un novillero de fulgurante
última temporada y pronta alternativa, que confirmar
sus ganas de ser torero y su compromiso con la profesión,
que despedirse del primer escalafón en la mejor plaza del
mundo.
Ahora, ¿qué se juega con ello Valls?.
O convencer de que merece los mimos que recibe, o confirmar que
no hay torero que rascar. Es más, ¿a qué
público se va a medir y con qué ejemplares?; ¿será
fácil que convenza Valls con novillos de Pereda ante el
exigente público venteño?.
Si convence... ¡lo esperaremos con grandes ganas en Castellón!.
Pero, ¿y si fracasa?: ¿cómo
justificará el novillero que ni más ni menos que
dos carteles de la corta feria magdalenera estén cubiertos
por alguien que pasó una semana antes sin pena ni gloria
por Madrid?; ¿cómo lo justificará la propia
empresa?.
¿Gallardía?, ¿temeridad?,
¿suicidio?.
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