| TARDE
CUMBRE DE LUIS FRANCISCO ESPLÁ |
Plaza:
Plaza de Las Ventas
Terna: Luis Francisco Esplá, Óscar Higares,
"El Califa"
Toros: Victorino Martín
Fecha: 11 de octubre de 1999
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¡El toreo
en la cumbre!. A eso se dedicó Luis Francisco Esplá
la tarde de su reaparición en Madrid. Había estado
proscrito no por razones toreras sino taurinas; quiere decirse,
el mercadeo que se llevan quienes rigen esta fiesta, sus intereses,
sus prepotencias. Y no le contrataron en Madrid por San Isidro.
Pero vino a la Feria de Otoño y lo que transcurría
sumido en la vulgaridad lo convirtió en la cumbre del toreo.
Toreo bueno, toreo puro, toreo en todos los tercios y en todas sus
versiones: eso hizo Luis Francisco Esplá, como quien lava,
como quien no quiere la cosa. Cada una de sus intervenciones constituía
una lección de tauromaquia, así fuera para fijar a
los toros, para ponerlos en suerte, para entrar a quites, para embarcarlos
en el toreo al natural.
Una actuación así valía hace años para
salir por la puerta grande sin necesidad de cortar orejas ni nada.
Corrían tiempos de toreo auténtico, de afición
verdadera, donde no hacía falta contabilizar trofeos, ni
recurrir a los costaleros capitalistas para que la afición
entusiasmada se echara al redondel, aupara a hombros al torero y
lo sacara en triunfo por la puerta grande.
Pero he aquí que cuando menos se esperaba Luis Francisco
Esplá redondeó su actuación memorable, se puso
a torear al natural con unas esencias que permanecían olvidadas
y se ganó las dos orejas que le validaban con todos los honores
la puerta de Madrid.
Ocurrió en el sexto toro, por el desgraciado percance que
sufrió "El Califa". Había iniciado "El
Califa" su faena de muleta en los medios con un meritísimo
pase cambiado, siguió muleteando por alto y al tercer encuentro
el toro le pegó la cornada. Esplá hubo de hacerse
cargo del toro, mandaba la lógica que aliñara y entrase
a matar y, sin embargo, se echó la muleta a la izquierda.
Y se puso a torear al natural.
Toreó al natural como sólo saben hacerlo los
grandes maestros. Algunos de sus naturales a un servidor le recordaron
a Antonio Bienvenida que, en tardes de inspiración, solía
alcanzar también la cumbre del toreo. Naturales cargando
la suerte y de frente instrumentó Luis Francisco Esplá,
en tandas rematadas por el pitón izquierdo pues por el derecho
el toro derrotaba certero. Incluso por el izquierdo se le escapó
al toro bronco algún gañafón, que si llega
a alcanzar al torero lo parte en dos.
La estocada certera refrendó el premio bien ganado de las
dos orejas, en medio de un entusiasmo desbordante. Y, una vez concedidas,
fue el presidente, y al toro aquel, de impresionante trapío,
que había sido un mansazo declarado de los que se quitan
furiosamente el palo en la prueba de varas, y escapan sueltos, y
topan broncos e inciertos, le otorgó la vuelta al ruedo.
Aquella clamorosa manifestación de incompetencia rompía
groseramente la verdad y la grandeza de la fiesta. Ya es hora de
que se limpie el palco de presidentes arbitrarios, indocumentados,
regaladores de orejas y de vueltas al ruedo, que no merece la afición
de Madrid y desprestigian la categoría que siempre tuvo la
primera plaza del mundo.
La corrida de Victorino Martín, magníficamente presentada,
muy seria, dura de pezuña, trajo emoción a raudales,
lo que no quiere decir que exhibiera bravura. Antes al contrario,
la mayoría de los ejemplares desarrollaron mansedumbre, sacaron
bronquedad y embestidas inciertas.
Con sus excepciones. Por ejemplo, el segundo toro, de encastado
nobleza marca de la casta, al que hizo Óscar Higares una
faena más peleona que templada. Por ejemplo, el quinto, de
pastueño temperamento, que no advirtió Higares hasta
bien avanzada la faena y aún entonces no lo toreó
con la ligazón y la templanza que merecía su boyantía.
Por ejemplo, el manejable tercero, desaprovechado por "El Califa"
en una larga y plúmbea faena.
Ambos mataron de infamante manera. Y Luis Francisco Esplá
también a los dos de su lote, emborronando sendos trasteos
meritísimos marcados por la torería. Por la torería,
por el valor, por la técnica lidiadora y hasta por el arte,
como en las series de naturales que instrumento al cuarto toro,
ofreciendo el medio pecho, dando la distancia adecuada, ligando
las suertes.
Años hace que no se veía en Madrid una actuación
tan completa. Toreo de otra galaxia --que dicen-, acaso sí.
Pero para encontrar una referencia similar de toreo total habría
que remontarse a la noche de los tiempos. Por eso será memorable
esta tarde cumbre de Luis Francisco Esplá en la plaza de
Las Ventas.
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